Intervención del Conde de Gálvez

La gran empresa de España en América en el IV Octubre Hispanoamericano. De Colón a Gálvez, Saavedra y Luis de Córdova

En el marco del IV Octubre Hispanoamericano —dedicado en esta edición a conmemorar el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos—, el Ateneo Social y Castrense de Sevilla comparte esta intervención del Conde de Gálvez. El texto explica con maestría cómo el legado de Cristóbal Colón en 1492 se proyecta siglos después hacia figuras andaluzas clave en aquella gesta norteamericana como Bernardo de Gálvez, Francisco de Saavedra y Luis de Córdova, cuya participación fue solicitada expresamente en el marco de este homenaje.

Nota institucional: El texto que se reproduce a continuación corresponde íntegramente a la intervención enviada por su autor. Las opiniones, reflexiones y consideraciones históricas vertidas en el artículo pertenecen exclusivamente a su criterio particular, por lo que el Ateneo no se hace necesariamente responsable ni se siente identificado con las valoraciones personales expresadas.

A continuación, ofrecemos la transcripción completa del discurso del Ilmo. Sr. D. Pedro María Alarcón de la Lastra y Romero, Conde de Gálvez. Fue pronunciado el 20 de octubre de 2026 ante el monumento a Cristóbal Colón el el Paseo Catalina de Ribera de Sevilla.

(Texto íntegro del autor)

CRISTÓBAL COLÓN Y LA GRAN EMPRESA DE ESPAÑA EN AMÉRICA

Señoras y señores: Hay hombres que hacen historia. Y hay hombres que cambian el curso de la Historia universal. Hombres que, con su visión, su audacia y su determinación, consiguen que el mundo deje de ser lo que era para convertirse en algo completamente diferente. Cristóbal Colón pertenece, sin ninguna duda, a esa categoría excepcional de hombres. Su nombre está unido para siempre a una de las mayores empresas de la humanidad: la apertura de una nueva conexión entre Europa y América, un acontecimiento que transformó la geografía, la política, la economía y la cultura de los pueblos a ambos lados del Atlántico. Pero Colón no fue solamente el navegante que cruzó un océano. Fue también el hombre que defendió una idea cuando muchos dudaban de ella; el hombre que perseveró durante años frente a las negativas y las dificultades; el hombre que consiguió convencer a los Reyes Católicos de que merecía la pena arriesgarse a emprender una expedición hacia lo desconocido. Y fue, sobre todo, el protagonista de una empresa que situó a España en el centro de la historia atlántica y universal. El 3 de agosto de 1492 comenzó una de las mayores aventuras de la historia. Desde Palos de la Frontera zarparon la Santa María, la Pinta y la Niña. Tres embarcaciones pequeñas frente a la inmensidad del océano. A bordo viajaban hombres que se enfrentaban al incertrumbre de una travesía extraordinaria. Y al frente de aquella expedición iba Colón, convencido de que podía alcanzar Asia navegando hacia Occidente. No disponía de los conocimientos geográficos que hoy poseemos. No conocía la existencia del continente americano tal como lo entendemos actualmente. Su proyecto se apoyaba en cálculos equivocados sobre las dimensiones de la Tierra y la distancia que separaba Europa de Asia. Pero tenía algo que la Historia ha demostrado que resulta decisivo: la determinación de llevar su proyecto hasta el final. Colón no acertó en todos sus cálculos. Pero acertó en algo que cambiaría el mundo: se atrevió a cruzar el océano y llegó a un continente que los europeos desconocían. El 12 de octubre de 1492, la expedición alcanzó tierra en el Caribe.

Aquel día no terminó simplemente un viaje. Comenzó una nueva etapa de la historia universal. La expansión española por América, los intercambios de productos, animales, plantas, conocimientos y poblaciones, así como los profundos conflictos y transformaciones que acompañaron aquel proceso, marcaron decisivamente los siglos posteriores. Y en el origen de aquella conexión histórica encontramos el nombre de un hombre: Cristóbal Colón. Pero tampoco debemos olvidar a quienes hicieron posible su empresa. Debemos recordar a los Reyes Católicos, que respaldaron la expedición; a los hermanos Pinzón, cuyo conocimiento marinero fue esencial; a los hombres de Palos y Moguer; a los marineros que aceptaron embarcarse; y a cuantos participaron en la preparación de aquel viaje. Pero reconocer la importancia de todos ellos no disminuye la figura de Colón. Y por eso su nombre ocupa un lugar central en la historia de España y de la humanidad. Colón abrió una puerta que ya nunca volvería a cerrarse. Y aquella puerta tenía un nombre: América. La grandeza histórica de Colón no reside en que fuera un hombre sin errores. Su grandeza reside en la dimensión de la empresa que encabezó y en las consecuencias extraordinarias de aquel viaje.

La defensa de los intereses americanos y los protagonistas andaluces

Tres siglos después, cuando España tuvo que defender sus intereses americanos frente a la poderosa Gran Bretaña, volvieron a destacar hombres cuya actuación merece ocupar un lugar más visible en nuestra memoria colectiva. Tres de ellos fueron andaluces. Y sus nombres son Bernardo de Gálvez, Francisco de Saavedra y Luis de Córdova.

El primero, Bernardo de Gálvez, nació en Macharaviaya, en la provincia de Málaga, en 1746. Militar desde joven, llegó a ser gobernador de Luisiana, virrey de Nueva España y protagonista de una de las campañas más importantes de España durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Cuando España entró en guerra contra Gran Bretaña en 1779, sus intereses no se limitaban a la península ibérica. Estaban en juego la seguridad de sus territorios americanos, el control de las rutas marítimas y el equilibrio de poder en el golfo de México y el Caribe. Gálvez comprendió que era necesario actuar con decisión. Desde Luisiana organizó una campaña contra las posiciones británicas del bajo Misisipi. Sus victorias en Manchac, Baton Rouge y Natchez aseguraron posiciones estratégicas y dificultaron las operaciones británicas en la región.

Pero su gran triunfo llegó en 1781, con la conquista de Pensacola, capital de la Florida Occidental británica. Aquella victoria fue un éxito militar de primer orden. Debilitó la presencia británica en el golfo de México y reforzó la posición española en una región de enorme importancia estratégica. La figura de Gálvez simboliza el valor, la iniciativa y la capacidad de mando. Fue un militar que supo aprovechar las circunstancias y convertir una situación compleja en una oportunidad para defender los intereses de la Corona española. Su actuación tuvo también una dimensión internacional: contribuyó al esfuerzo que favoreció la independencia de los Estados Unidos, aunque España perseguía sus propios objetivos estratégicos y territoriales. Por sus servicios, Gálvez recibió el reconocimiento de la Monarquía mediante la concesión del condado de Gálvez y la inclusión del lema “Yo solo” en su escudo de armas en recuerdo a su épica entrada en la bahía de Pensacola al mando de su bergantín Galveztown y de, siglos después, también de los Estados Unidos con la colgadura de su retrato en el Congreso y su nombramiento como Ciudadano Honorario de los Estados Unidos, distinción que tan solo ocho personalidades ostentan.

Pero las victorias militares no se consiguen solamente con valor y capacidad de mando. Necesitan recursos, organización, diplomacia y una visión amplia de los acontecimientos. En ese terreno destacó otro andaluz excepcional: Francisco de Saavedra, nacido en Sevilla en 1746. Saavedra fue hombre de máxima confianza de tres reyes: Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, diplomático y organizador del esfuerzo financiero y militar español en América. Su trabajo demuestra que la historia de las grandes campañas no se explica únicamente por las batallas. También depende de la capacidad de movilizar dinero, coordinar aliados, preparar operaciones y sostener a los ejércitos. En 1780 y 1781, durante su estancia en el Caribe, Saavedra participó en la organización de recursos destinados a la guerra contra Gran Bretaña, en especial el apoyo prestado a su íntimo amigo Bernardo de Gálvez en Pensacola. Desde La Habana contribuyó a coordinar la cooperación con Francia y a preparar operaciones militares de gran importancia. Su intervención estuvo relacionada con los preparativos que desembocaron en la campaña de Yorktown, definitiva para el desenlace de la guerra de Independencia estadounidense. Saavedra representa una forma de servicio a España menos visible que la del campo de batalla, pero absolutamente necesaria: la inteligencia política, la negociación y la capacidad de convertir los recursos disponibles en resultados concretos. Sevilla puede recordar con orgullo a este servidor de la Monarquía, cuya trayectoria demuestra que la defensa de los intereses españoles requería tanto inteligencia y preparación como valor y sacrificio.

El tercer protagonista es Luis de Córdova y Córdova, nacido en Sevilla en 1706, marino de larga trayectoria y uno de los almirantes destacados de la Real Armada del siglo XVIII. Si Gálvez representa la acción en tierra y Saavedra la organización política y financiera, Córdova representa el poder naval. En una época en la que las rutas oceánicas eran esenciales para la comunicación entre España y sus territorios americanos, dominar el mar significaba proteger el comercio, dificultar los movimientos del adversario y defender las comunicaciones imperiales. Córdova mandó escuadras en las operaciones navales de la guerra contra Gran Bretaña. Uno de sus éxitos más conocidos tuvo lugar el 9 de agosto de 1780, cuando su escuadra interceptó frente al cabo de Santa María un importante convoy británico. La captura de numerosos buques, con tropas, armamento y suministros, constituyó un duro golpe para los intereses británicos y tuvo repercusiones en el esfuerzo de guerra. Aquella operación mostró la importancia estratégica de la Armada española y la capacidad de sus mandos para disputar a Gran Bretaña el control de las comunicaciones marítimas. Córdova no fue un personaje aislado. Formó parte de una tradición naval española que, a lo largo de generaciones, sostuvo las comunicaciones oceánicas y defendió las posiciones de la Monarquía. Su trayectoria nos recuerda que el poder de una nación marítima depende de sus barcos, pero también de la preparación de sus tripulaciones, de la experiencia de sus oficiales y de la capacidad de mantener una estrategia a largo plazo.

La memoria de la historia atlántica de España

Señoras y señores: Al contemplar juntos estos cuatro nombres, podemos comprender mejor la dimensión de la historia atlántica de España. Colón simboliza el comienzo de una nueva conexión entre Europa y América. Gálvez representa la acción militar y la defensa de las posiciones españolas en el golfo de México. Saavedra encarna la inteligencia política, la diplomacia y la organización de los recursos. Córdova representa el esfuerzo naval y la defensa de las rutas marítimas. Que sepamos conservar esa memoria. Que sepamos transmitirla a las nuevas generaciones. Y que sepamos reconocer, con serenidad y orgullo, a quienes contribuyeron a escribirla. Porque detrás de cada gran acontecimiento hay personas que tomaron decisiones, asumieron responsabilidades y pusieron sus capacidades al servicio de una empresa que las trascendía.

Cristóbal Colón, Bernardo de Gálvez, Francisco de Saavedra y Luis de Córdova forman parte de esa memoria. Y al recordarlos, recordamos también a los miles de hombres y mujeres, conocidos y anónimos, que participaron en la larga historia que une a España y América. Una historia que merece ser conocida, comprendida y transmitida con orgullo, con rigor y con sentido de la responsabilidad.

Muchas gracias.

Pedro María Alarcón de la Lastra y Romero

Conde de Gálvez

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