En nuestra historia marítima, la Universidad de Mareantes de Triana representa una institución clave para comprender el desarrollo náutico hispalense. Por ello, el Ateneo Social y Castrense de Sevilla tiene el placer de acoger este exhaustivo análisis sobre la Hermandad de los Mareantes de Sevilla, redactado por el destacado investigador Francisco Pérez Aguilar.
A través de este trabajo, el autor profundiza en el asociacionismo marítimo. Además, el texto examina el papel de las corporaciones gremiales y la trascendencia de las Atarazanas en la capital andaluza.
Una mirada especializada a la Universidad de Mareantes de Triana
Nacido en Puerto Real (Cádiz), Francisco Pérez Aguilar es Jefe de Máquinas de la Marina Mercante por la Escuela Oficial de Náutica de Cádiz. Ha ejercido como Director de Proyectos en Astilleros Españoles de Sevilla, Jefe de Garantías y Jefe de Peritos en Helvetia Seguros. Como investigador y conferenciante, es Académico Correspondiente de la Real Academia de la Mar, miembro de la Fundación Atarazanas, fundador del Ateneo Literario de Puerto Real y miembro honorario de la Asociación Temas Sevillanos. Además, ha publicado obras de referencia sobre el puente de barcas de Sevilla, las biografías de Puerto Real o la estirpe de los Butler.
Desde el Ateneo facilitamos este espacio para la difusión del conocimiento y el debate histórico. No obstante, es preciso señalar que este texto refleja una opinión y pensamiento particular de su autor. Por lo tanto, el Ateneo no se identifica necesariamente con las palabras ni con los planteamientos expresados en el artículo.
A continuación, reproducimos exactamente el texto remitido por el autor.
LA HERMANDAD DE LOS MAREANTES DE SEVILLA Y LA UNIVERSIDAD DE MAREANTES DE TRIANA (1553-1562) (I)
Francisco Pérez Aguilar
Jefe de Máquinas de la Marina Mercante
Académico Correspondiente de la Real Academia de la Mar (Madrid)
Para analizar o desarrollar este interesantísimo pasaje de la historia de la ciudad de Sevilla, debemos situarnos en la Italia del siglo XII. Por aquel tiempo, los derechos sociales solo estaban al alcance de la nobleza, la Iglesia y parte de la Universidad y quienes no pertenecían a estas tres importantes instituciones no tenían sus derechos sociales asegurados, por lo tanto, debieron asociarse para realizar sus funciones laborales con unas ciertas garantías de futuro.
Tales circunstancias sociológicas dieron lugar a que en la Italia del siglo XII apareciese un movimiento de carácter gremial propiciado por los miembros de los grupos artesanos, comerciantes y distintos profesionales que requerían de una u otra forma el trabajo manual para sus desarrollos profesionales, este movimiento social que llegó a alcanzar notoria presencia en la sociedad, fue conocido como: gremialismo.
Y de Italia a España, donde se radicó un siglo más tarde, es decir, en el siglo XIII, llegando a tener una importancia capital en el desarrollo de sus funciones entre los siglos XVI y XVIII pues era extraño los profesionales no constituidos como tal y muy especialmente los de aquellas corporaciones relacionadas con las actividades náuticas y muy particularmente las asentadas en el reino de Aragón.
No obstantes, muchos de sus miembros llegaron a alcanzar notable notoriedad, riquezas y, al mismo tiempo, poder político. Este aspecto no fue bien visto por la Corona, que optó por poner a los diferentes gremios bajo el control del papado y, por lo tanto, de la Iglesia (segundo poder terrenal tras la figura del rey).
La Iglesia solo permitió un leve resquicio al asociacionismo, aunque bajo su propio control e incluso, bajo el manto de santos, según la actividad que desarrollasen; en aquel entonces no se concebía asociarse si no era bajo el auspicio de tan importante institución.
Sevilla no fue una excepción en cuanto a la creación de las asociaciones gremiales, especialmente, por su contexto social, pues tras la conquista de la ciudad por Fernando III en 1248 la ciudad musulmana sufre una gran transformación, no solo en sus estructuras urbanísticas, sino en todo aquello que tuviese relación con los asuntos sociales y con ellos, también los de carácter legislativo, consiguiendo en breve tiempo que la ciudad pasase a ser una urbe de marcado carácter castellano-cristiana.
Los primeros cimientos para constituir una marina española se le debe al primer arzobispo de Santiago de Compostela, don Diego Gelmírez, hombre emprendedor y de gran prestigio entre sus ciudadanos, quien a principio del siglo XII concibió la idea de crear una fuerza naval con la que hacer frente a las expediciones corsarias de normandos, ingleses y árabes que periódicamente asolaban las costas del noroeste peninsular y, para lo cual, ordenó la construcción de un astillero en Iría (La Coruña), donde construir galeras con el asesoramiento de genoveses y marinos procedentes de la ciudad de Pisa. Sin embargo, fue el rey castellanoleonés Fernando III, quien tras la conquista de la ciudad hispalense vislumbró, claramente, la necesidad de una marina de guerra con la que llevar a cabo su política expansiva, que contemplaba la conquista del Austro: el Norte de África, ordenando para ello, la construcción en Sevilla de unas atarazanas donde fabricar y reparar galeras, que llegaría a constituirse como el mayor arsenal militar de la Europa medieval.
No obstante, aunque algunos autores asignan al rey Fernando la creación de la Marina de Castilla por haber encargado a Bonifaz la construcción de una flota, en las cuatro villas del norte de España: Santander, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera y Laredo, la cual participaría en la conquista de Sevilla y en la decisiva rotura del puente de barcas almohade, según Calderón Ortega, fue realmente su hijo y sucesor Alfonso X, quien mostrando tener una especial sensibilidad para todo lo relacionado con el mundo naval, finalizó la construcción de las atarazanas iniciadas por su padre al mismo tiempo que sentó las bases para la creación del Almirantazgo de Castilla, de tal manera que, el 13 de junio de 1253 otorgó al Maestre de la Orden de Santiago, el extremeño Pelay Correa, el documento en virtud del cual se comprometía a aparejar una galera con remos y velas y doscientos hombres armados, con obligación de servirle durante tres meses al año, rehaciéndola cada siete años y repartiendo las ganancias por mitad.
Por otro lado, podemos llegar a entender el interés con el que Alfonso X se tomó por la gente de la mar, cuando estableció la orden militar de Santa María de España, para premiar: los fechos de mar.
LOS CÓMITRES
Las Partidas definen a los Cómitres como: «otra manera de omes que son cabdillo de mar de so Almirante, e assi cada uno de ellos ha poder de cabllevar bien los de sus navíos y el cómitre o capitán que se demandase del Almirante o ficiere bando contra él, debe morir por ello». ¿Qué puede extrañar, por lo tanto, que los reyes, al decir de Ortiz de Zuñiga, ordenasen que los Cómitres fundasen entre si hermandades y cofradías? Por lo que cada gremio debía tomar algún santo por especial Patrón, principalmente en orden a la hospitalidad, y en Sevilla, ciudad de larga tradición marinera, se llegaron a crear diferentes hermandades por parte de los gremios vinculados a las actividades náuticas que sobrevivieron hasta el siglo XIX, año 1861, en el que fue promulgada la ley de disolución de los mismos y de las cuales conocemos algunas de ellas con sedes en Triana: Guarda y collación de Sevilla.

Imagen del Cristo de las Tres Caidas. Titular de la Hermandad de los Mareantes
Los Calafates de quillas, fundaron la hermandad de los Santos Mártires que contaba con capilla y hospital situado en la calle Sol de Triana, que corresponde a la actual calle Febo, ubicándose la Hermandad en la intersección de dicha calle con la actualmente nombrada Farmacéutico Murillo Herrera; la misma se anegó por una avenida del río por lo que hubo que pedir su traslado, por el prioste Francisco de Medina, al secretario de la Audiencia del Arzobispado. Su libro de Reglas está datado el 10 de mayo de 1534 y, se encontraba bajo la advocación de San Sebastián.

San Telmo, Patrón de los Marinos
El gremio de los Barqueros, fundó la Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe con sede en el Arenal, y no podemos confundirla con la actual de Baratillo que se fundó en el siglo XVII. Esta Hermandad tiene su ascendencia en el México del siglo XVI a raíz de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego.
El gremio de los Maestros de Carpinteros de Ribera, daba culto a San José, que hoy pertenece a los frailes capuchinos. Esta Hermandad creada por dicho gremio, se distinguió por su participación en la festividad del Corpus durante los siglos XVII y XVIII, llegando a estar bajo la amenaza de derribo en 1868, siendo incendiada en 1931 en el transcurso de los hechos acontecidos durante la Segunda República.
El gremio de los Contratantes de Marineros, se organizaron bajo la congregación de Nuestra Señora de las Cuevas, que se encontraba ubicada en el Castillo de San Jorge.
El gremio de los Patrones de barcas fundó la Hermandad de la Virgen del Rosario, la cual estuvo situada en el barrio de San Sebastián de Triana, ligada a la Virgen del Rosario a partir de la batalla de Lepanto, la cual tuvo lugar en 1571, dejando de existir en el siglo XVIII.
El gremio de los Pescadores, fundó en el siglo XVI la Hermandad de San Juan Evangelista con sede en la iglesia de Santa Ana, fusionándose con la Hermandad del gremio de los ceramistas en 1542, fusión que fue aprobada en 1595 por el cardenal Rodrigo Caro. Contaba con un hospital bajo la advocación del Espíritu Santo fundado en 1587, el cual se mantuvo activo hasta 1837.

San Juan Evangelista Titular de la Hermandad del gremio de los Pescadores
En 1550 los Capitanes, Pilotos, Maestres, Contramaestres y Señores de las Naos y Navegación a Indias, funda una cofradía, cuyo objetivo fundamental consistía en atender las necesidades sociales de la gente de la mar. En un principio, se situaron en la plaza de los Cómitres, actual plaza de La Magdalena y, el hospital se encontraba ubicado en la calle Rabeta, actualmente llamada Otumba.
En este lugar permanecieron hasta que el deterioro de las instalaciones les obligó a trasladarse a un solar, sito en la calle Espíritu Santo en Triana, más tarde llamada de Los Mareantes y actualmente calle Betis y, a partir de aquí, se inicia la vinculación de la Marina con el barrio de Triana, aunque la más gruesa parte de su vecindario lo componían gente dedicadas a los negocios de la mar, según atestigua el clérigo extremeño Alonso Morgado, que ofició en la iglesia de Santa Ana en el siglo XVI, citando que: Quien más bulle en ella es toda las gentes de la mar, como son capitanes, pilotos, maestres y toda suerte de marineros.
Continuará…
