Ganando barlovento a la historia

La narración de «Ganando barlovento a la historia» | Ateneo Social y Castrense de Sevilla

El guion detrás de la música: Ganando barlovento a la historia

El éxito del reciente concierto en la Parroquia de San Jacinto no radicó solo en sus notas. El valor diferencial fue su cuidada estructura de «concierto narrado». Bajo el título «Ganando barlovento a la historia: España y el 250 aniversario de los Estados Unidos», el Ateneo Social y Castrense de Sevilla y el Conservatorio «Cristóbal de Morales» diseñaron una experiencia divulgativa única. A través de la palabra, el público dejó de ser un mero oyente para convertirse en testigo de la historia.

 

Una dualidad narrativa: historia y musicología

La narración se articuló a través de dos hilos conductores que se entrelazaron con maestría. Esta dualidad permitió que el espectador comprendiera la magnitud del 250 aniversario de los Estados Unidos desde dos prismas complementarios:

  1. El contexto estratégico: Un primer narrador, Manuel García Carretero, aportó los datos y referencias históricas. Su voz rescató del olvido la ayuda logística española y las figuras de Bernardo de Gálvez y Luis de Córdova.
  2. La esencia musical: Una segunda narradora, Concepción Torres, analizó cada pieza de MoraleSax. Explicó el porqué de cada título y autor, la fecha de composición y los detalles técnicos que hacían a cada obra encajar en el relato.

El papel del Conservatorio «Cristóbal de Morales»

Es fundamental destacar la labor pedagógica del Conservatorio Profesional de Música «Cristóbal de Morales». Aportaron la excelencia de los saxofones de MoraleSax, y elevaron el rigor del evento. La descripción técnica de las piezas permitió al público apreciar la dificultad y la belleza de las adaptaciones musicales. Como bien señaló el director José María Gómez Díaz, el compromiso de los alumnos fue el motor de esta narración viva.

Esta forma de comunicar la cultura en «Ganando barlovento a la historia» ha demostrado ser más eficaz que una conferencia tradicional, en opinión del público que asistió. La unión de datos históricos con análisis musical crea un recuerdo mucho más profundo en el asistente.

 

Texto íntegro de la narración

Publicamos a continuación el guion original del concierto. Un documento que une la épica de la historia de España con el análisis técnico musical.

Nota de lectura: Las secciones en texto estándar corresponden a la crónica histórica. Las secciones en cursiva detallan las referencias musicales y técnicas.

 

«(Inicio. Antes de sonar «Ganando barlovento»)

Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades, representantes de la Armada, asociaciones, compañeros ateneístas, señoras y señores:

Querido Padre Fray Javier Rodríguez, Párroco de San Jacinto:

Es un honor para el Ateneo Social y Castrense de Sevilla darles la bienvenida a este concierto extraordinario titulado «Ganando barlovento a la historia: España y el 250 aniversario de los Estados Unidos», una cita que no sería posible sin la generosa colaboración del Conservatorio Profesional de Música «Cristóbal de Morales» y de la Orden de Predicadores (Dominicos), que hoy nos acoge en este marco incomparable.

Al mismo tiempo el concierto se integra en la programación anual del «Círculo Cultural de la Marina en Sevilla». Este Círculo es el vivo reflejo del compromiso de nuestra ciudad con su herencia naval, y está integrado por este Ateneo junto a una unión de instituciones de prestigio, como son:

  • La Comandancia Naval de Sevilla.
  • El Museo Marítimo Torre del Oro.
  • La Real Liga Naval Española.
  • La Real Asamblea de Capitanes de Yate.
  • La Asociación ARES de Reservistas Españoles.
  • La Hermandad Nacional Monárquica de España.
  • El Tercio de Veteranos de Infantería de Marina.
  • La Unión Nacional de Milicias Universitarias.
  • La Asociación de Modelismo de Sevilla.
  • La Asociación Cultural Tercio de Olivares.
  • Y la Asociación 500 años, Primera Circunnavegación a Vela.

 

Hoy, a través de la música de MoraleSax, vamos a navegar por el siglo XVIII para descubrir cómo España ganó el barlovento de la historia, poniendo el viento necesario para que el anhelo de libertad en el Nuevo Mundo llegara, finalmente, a buen puerto.

Nos convoca hoy una efeméride de calado universal: el 250 aniversario del nacimiento de los Estados Unidos de América. Pero no nos reúne sólo la celebración de una nación amiga, sino el reconocimiento de una verdad histórica que a menudo ha quedado desdibujada en los libros de texto: la realidad de que Estados Unidos alcanzó su independencia, en gran medida, porque España así lo quiso.

El título de esta tarde, «Ganando barlovento a la historia», encierra una poderosa metáfora. En la navegación clásica, ganar el barlovento significaba alcanzar la posición de ventaja respecto al viento; era la maestría necesaria para dominar el escenario y decidir el rumbo de la travesía. Y eso fue, precisamente, lo que hizo España en el siglo XVIII: actuar con determinación estratégica para que el anhelo de libertad en el Nuevo Mundo llegara a buen puerto.

Antes de cada interpretación, descubriremos cómo la logística, el valor y la visión de España fueron el viento necesario para que una nueva nación pudiera ver la luz.

Sean bienvenidos a este viaje sonoro. Prepárense para descubrir cómo nuestra querida España, desde sus puertos y sus consejos, supo ganar el barlovento para cambiar, para siempre, el curso de la historia moderna.

Antes de que la música tome la palabra, permítanme hacer una llamada de atención necesaria.

Nos encontramos en una casa que hoy nos abre sus puertas con hospitalidad absoluta, pero que atraviesa un momento de gran dificultad. Como muchos de ustedes sabrán, los graves problemas derivados del ficus han generado unos gastos extraordinarios y una deuda muy significativa para esta comunidad. Por ello, al finalizar el concierto, encontrarán a la salida a dos personas recogiendo una colecta voluntaria que será entregada íntegramente a la Orden de los Dominicos. Toda ayuda, por pequeña que parezca, es vital en este momento; les ruego que sean conscientes de la magnitud del problema y les invito a realizar un esfuerzo en su aportación para ayudar a sufragar esta carga. Muchas gracias por su sensibilidad y su compromiso

 

La elección de la marcha militar «Ganando barlovento» como eje central de este concierto no es casual, pues representa el alma misma de la Armada Española y la esencia de la soberanía en el mar.

Vincular esta composición con el tema del concierto es un acto de coherencia histórica. Ganar el barlovento era la obsesión de los grandes almirantes del siglo XVIII, una época en la que la Armada Española era el instrumento más poderoso de una política global de alcance mundial, basada en la alianza de España y Francia contra Inglaterra. Fue gracias a esa capacidad de dominar el océano que España pudo influir en el destino de las Trece Colonias.

Hitos, que luego ampliaremos, como la captura del Gran Convoy inglés por parte del almirante sevillano Luis de Córdova, un golpe logístico que dejó a Inglaterra sin recursos en un momento clave de la guerra, o la audacia del malagueño Bernardo de Gálvez al forzar la entrada en la bahía de Pensacola bajo el fuego de las baterías británicas, son ejemplos reales de lo que significa ganar el barlovento a la historia.

Esta obra fue compuesta por el músico cántabro Ramón Sáez de Adana, quien fuera una de las figuras más insignes de la música naval española del siglo XX. Director de la Banda de la Escuela Naval Militar y posteriormente de la Banda del Tercio de Levante, Sáez de Adana destacó como director, y como un prolífico compositor y pedagogo que dedicó su vida a elevar el prestigio de las bandas de Infantería de Marina. Con esta partitura, logró plasmar el carácter épico y la disciplina del marino, convirtiéndola con el tiempo en un himno oficioso que acompaña actualmente en cada gran ocasión de nuestra institución naval.

Desde una perspectiva técnica y musical, la obra destaca por su estructura clásica de marcha militar, pero con una elegancia melódica que la eleva sobre el estándar marcial. Se caracteriza por un ritmo binario muy marcado, ideal para el desfile, donde los metales exponen temas heroicos con una brillantez que evoca el despliegue de las velas al viento. Su instrumentación permite lucir el contraste entre la fuerza de la percusión y los pasajes de madera, creando una atmósfera de avance imparable. El uso de los matices dinámicos y la brillantez en los registros agudos de los instrumentos de viento simbolizan esa maniobra náutica de precisión que da nombre a la pieza: el momento crítico en que un navío logra la ventaja táctica frente al adversario.

Por tanto, al escuchar hoy los ecos de esta marcha y el programa de MoraleSax, asistimos a la conmemoración de una Armada que, con su tecnología, sus hombres y su valor, proporcionó el impulso necesario para que los Estados Unidos nacieran como nación. La música de Sáez de Adana nos sirve de guía para recordar que, si el mapa del mundo cambió hace 250 años, fue porque los buques españoles supieron posicionarse siempre en el lugar de la victoria.

 

 

(Antes de «Danzón nº 2»)

Mucho antes de que los cañones españoles tronaran de forma oficial en el conflicto, España ya estaba, en el más absoluto secreto, ganando el barlovento a la historia. En aquellos primeros años de incertidumbre, la revolución americana era una llama frágil a punto de extinguirse; el Ejército Continental de George Washington no era más que un grupo de voluntarios valientes, pero carentes de todo lo necesario para sostener una guerra contra los ingleses, el imperio más poderoso de la época.

Es necesario hacer aquí un acto de justicia histórica. A menudo, la fama de la ayuda a los revolucionarios americanos se la han llevado los franceses; sin embargo, la realidad de los archivos es muy distinta. Aunque Francia tuvo un papel mediático y diplomático relevante, su aportación material y financiera fue ínfima si la comparamos con la magnitud de la ayuda española.

Desde los puertos de Bilbao y Cádiz, y bajo la inteligente dirección de la casa comercial vasca de Diego de Gardoqui y Arriquíbar España comenzó a enviar un flujo vital de suministros que cruzaba el Atlántico en la penumbra de la clandestinidad. Y no hablamos de una ayuda simbólica: fueron miles de fusiles, toneladas de pólvora, medicinas y, de manera muy significativa, el tejido de sus uniformes.

Es un detalle fascinante que la huella de aquella ayuda permanece viva hoy: los rebeldes americanos vestían el paño de color azul enviado por España, el color entonces de nuestra infantería. Por eso, el uniforme de gala de los famosos Marines que hoy vemos en las películas sigue siendo azul hoy en día, siguiendo la estela de aquella influencia española.

Pero la apuesta de España no fue sólo material, fue un compromiso financiero sin precedentes. Nuestra nación llegó a aportar, en concepto de préstamos que jamás han sido devueltos, cantidades ingentes de dinero. Fue una apuesta tan absoluta que la aportación española equivalió, prácticamente, al Producto Interior Bruto de la época. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de esta generosidad: si hoy se actualizara el valor de aquel préstamo y se devolviera a nuestro país, España podría prácticamente liquidar toda su deuda exterior actual.

La idea clave que debemos recordar es contundente: Sin este suministro y este aval económico, el ejército de Washington se habría desintegrado por hambre y falta de munición en aquel primer invierno. España simpatizó con la causa; España puso los medios, el dinero y la voluntad para que la rebelión tuviera una oportunidad real. Aquellos uniformes azules y aquellos cofres de plata fueron el primer viento de libertad que España sopló sobre el nuevo continente.

 

La inclusión del Danzón n.º 2 en este programa no es una elección casual, es un puente musical necesario para comprender la huella que España dejó en el Nuevo Mundo. Si bien hoy conmemoramos hitos militares y estratégicos en el norte del continente, no podemos olvidar que la influencia española se extendió por todo el Caribe y el Golfo de Méjico, creando un ADN cultural que aún hoy nos une. El danzón, como género, es el fruto perfecto de esa fusión: nace de la contradanza europea que España llevó a América, transformándose allí con los ritmos y la sensibilidad del alma criolla.

Esta obra maestra fue compuesta en 1994 por el maestro mejicano Arturo Márquez, quien se inspiró en la elegancia y el ritual de los salones de baile de Veracruz. Desde su estreno, se ha convertido en una de las piezas de música clásica más interpretadas en todo el mundo, considerada por muchos como un segundo himno debido a su capacidad para capturar la esencia de la identidad hispana. Márquez logra en esta partitura un equilibrio magistral entre la nostalgia y la euforia, llevándonos desde la intimidad de un suspiro hasta la fuerza de una gran celebración.

Desde el punto de vista técnico, la obra se construye sobre la «clave de danzón», un patrón rítmico persistente que actúa como el latido del corazón de la pieza. La estructura comienza con un lirismo casi melancólico, donde el saxofón —tomando hoy el relevo de los solos originales de clarinete y oboe— demuestra su versatilidad para imitar la voz humana, pasando de pasajes seductores y lentos a secciones de una energía arrolladora. El uso inteligente de las síncopas y los acentos desplazados crea una sensación de balanceo constante, un vaivén que bien podría recordarnos al movimiento de aquellos barcos españoles que, siglos atrás, surcaban las aguas del Caribe.

Al escuchar hoy esta pieza interpretada por MoraleSax, celebramos que la herencia española además de dejar fronteras trazadas o victorias frente a los ingleses, también indiscutiblemente aportó una riqueza cultural vibrante. Así como España puso el «viento» para la independencia americana, también puso la semilla de una música que hoy, dos siglos y medio después, sigue siendo una de las expresiones de belleza más admiradas del planeta.

 

 

(Antes de «Dakota»)

 Si anteriormente hablábamos de una ayuda silenciosa, ahora la historia nos traslada al rugido de los cañones y al batir de las olas, donde España demostró que para ganar la libertad de una nación, primero hay que dominar los mares. En este escenario emerge una figura colosal, un hombre que personifica la audacia y el ingenio de nuestra tierra: el Almirante Luis de Córdova y Córdova. Es necesario decirlo hoy con voz clara: Sevilla tiene una deuda pendiente con Luis de Córdova. Es incomprensible que uno de los marinos más grandes de nuestra historia, nacido en esta ciudad, no cuente todavía con un monumento que honre su memoria en sus propias calles, pues fue él quien puso en jaque al mismísimo Imperio Británico.

Su nombre quedó grabado en la historia por haber protagonizado, en agosto de 1780, el mayor desastre logístico jamás sufrido por la marina inglesa frente al Cabo de Santa María, ese extremo sur de la costa portuguesa tan cercano a nuestro Golfo de Cádiz. Allí, Córdova capturó un gigantesco doble convoy de cincuenta y cinco buques cargados de tesoros y pertrechos, provocando el pánico en la City de Londres y un desplome histórico de su Bolsa de Valores. Pero su ambición estratégica no conocía límites: un año antes, Córdova lideró una de las operaciones más audaces de la historia naval al invadir el propio Canal de la Mancha. Su determinación fue tal que logró poner en fuga a la flota inglesa y estuvo a punto de remontar el Támesis para asestar el golpe definitivo en el corazón de Londres. Sólo las epidemias y los vientos contrarios impidieron que este sevillano entrara triunfante en la capital enemiga, obligando no obstante a Inglaterra a retirar sus barcos de América para defender su propia casa.

Este triunfo heroico fue también el triunfo de la astucia, apoyado en el servicio de inteligencia más eficiente de la época. La red de espías españoles era tan sofisticada que logró interceptar las rutas exactas del enemigo en sus propios muelles, permitiendo a Córdova preparar la emboscada perfecta mientras los británicos creían navegar en aguas seguras. España no se limitó a enviar suministros; España verdaderamente asfixió al Imperio Británico en el corazón del Atlántico. Al recordar hoy estas gestas, reivindicamos la figura de este insigne almirante que demostró que quien domina el viento, el mar y la información, es quien decide el destino de las naciones. Que estas notas que siguen sirvan de homenaje a quien todavía aguarda su lugar de honor en el corazón de su ciudad.

 

La inclusión de la obra «Dakota» en este programa es un acierto narrativo que nos permite viajar desde los puertos europeos hacia el corazón salvaje y espiritual del continente que España ayudó a nacer. Mientras que las piezas anteriores nos hablan de la estrategia naval y la logística en el Atlántico, esta obra nos sitúa en la vasta geografía americana, recordándonos que la independencia que hoy conmemoramos fue, ante todo, el despertar de una tierra con alma propia. Compuesta en 2002 por el holandés Jacob de Haan, esta suite se inspira en la cultura de los indios sioux, simbolizando la inmensidad de un territorio que, tras la victoria sobre los ingleses, comenzó a forjar su propia identidad nacional basada en la libertad y la resistencia.

Es fundamental comprender que la relación entre España y los pueblos sioux no es una ficción, sino un capítulo real y profundo de nuestra historia en la Luisiana española. Durante el siglo XVIII, España ejerció la soberanía sobre las tierras que hoy forman el corazón de los Estados Unidos, estableciendo una red de alianzas y comercio con los jefes de las naciones Dakota y Lakota para frenar el avance británico desde el norte. Pero el vínculo más transformador fue, sin duda, el caballo español. Sin la llegada de nuestros antepasados al continente, los sioux nunca habrían desarrollado esa legendaria cultura ecuestre que los define; fueron los caballos de origen español los que permitieron a estas tribus dominar las praderas y convertirse en los guerreros que hoy todos reconocemos en la gran pantalla.

Desde un punto de vista técnico, «Dakota» es una obra de una enorme capacidad descriptiva que destaca por su riqueza rítmica, utilizando articulaciones que evocan los cantos y danzas rituales nativos. Musicalmente, De Haan juega con los contrastes entre pasajes líricos que representan las infinitas llanuras y secciones de una intensidad casi tribal que sugieren el galope y la batalla. El uso de los saxofones en esta interpretación de MoraleSax permite una paleta de colores asombrosa: desde los registros graves que nos hablan de la ancestralidad de la tierra, hasta los agudos que representan el anhelo de libertad. Al escucharla, no solamente oímos la voz de un pueblo indómito, sino también el eco de una frontera española que llegó a abrazar el corazón de América.

 

(Antes de la «Sinfonía del Nuevo Mundo»)

Si Luis de Córdova fue el genio que asfixió a los ingleses en el océano, el brazo que ejecutó la victoria en tierra firme fue un joven malagueño, natural de Macharaviaya: el general Bernardo de Gálvez. Como gobernador de la Luisiana, Gálvez no se limitó a enviar suministros, sino que organizó una de las campañas militares más brillantes y penosas de toda la guerra, diseñada para golpear el flanco sur de las posesiones británicas.

La gesta de Gálvez comenzó con un recorrido épico por el interior de un territorio hostil. Sus tropas tuvieron que avanzar a través de pantanos intransitables, lidiando con el lodo, los caimanes y las fiebres, transportando artillería pesada por terrenos donde apenas se podía caminar. Pero lo más asombroso de este ejército español era su composición: era un verdadero crisol de razas y pueblos unidos bajo la bandera de España. Junto a los soldados de los Regimientos de España, Mallorca o Navarra, combatían milicianos criollos, negros libres, voluntarios de Cuba y Méjico, e incluso guerreros de las naciones indias. Aquel ejército multirracial fue el que barrió a los ingleses de las orillas del Misisipi.

Sin embargo, detrás del valor de estos hombres, existía una ventaja tecnológica determinante: la excelente cartografía española. Mientras que los británicos y franceses utilizaban mapas a menudo deficientes, incompletos o basados en suposiciones, los ingenieros y marinos españoles contaban con planos de una precisión asombrosa. España custodiaba sus mapas como secretos de Estado; eran documentos que detallaban con exactitud cada sonda de las bahías, cada corriente y cada sendero oculto en los humedales. Esta superioridad cartográfica permitió a Gálvez maniobrar donde los ingleses creían que era imposible pasar, convirtiendo el terreno en un aliado de España y en una trampa mortal para el enemigo.

El nombre de este malagueño pasó a la inmortalidad en la batalla de Pensacola. Ante la duda del resto de la flota, que temía encallar bajo el fuego de las baterías inglesas que protegían la bahía, Gálvez dio una orden que cambió el curso de la guerra. A bordo de su bergantín, el Galveztown, se lanzó en solitario hacia el puerto enemigo con un mensaje que aún resuena: «El que tenga honor y valor, que me siga». Su entrada triunfal bajo el fuego de los cañones obligó al resto de la escuadra a seguirle, logrando una victoria definitiva que expulsó a los británicos del Golfo de Méjico.

La idea clave que debemos poner en valor es fundamental: La victoria de Gálvez cerró herméticamente el flanco sur a los ingleses. Gracias a que este general español protegió la retaguardia de la joven nación americana, George Washington pudo concentrar todas sus fuerzas en el norte. Sin el valor de los soldados de España y la audacia de un hombre de Málaga, la independencia de los Estados Unidos habría sido, sencillamente, imposible. España no solo fue un aliado; fue el escudo que permitió a la Libertad ponerse en pie.

 

La inclusión de la Sinfonía n.º 9 en mi menor, conocida universalmente como la «Sinfonía del Nuevo Mundo», supone el broche de oro narrativo para este encuentro. Si hasta ahora hemos hablado de la ayuda militar, la logística secreta y la estrategia naval que permitieron el nacimiento de una nación, esta obra representa el resultado final de aquel esfuerzo: la consolidación de una identidad americana vibrante, vasta y llena de esperanza. Escrita en 1893 por el compositor checo Antonín Dvořák, durante su estancia en los Estados Unidos, esta sinfonía es un homenaje a la tierra que España ayudó a liberar. Dvořák, fascinado por la inmensidad del continente, capturó en esta partitura el espíritu de América, fusionando la tradición sinfónica europea con las melodías espirituales afroamericanas y los ritmos de los pueblos indígenas que tuvieron un vínculo tan estrecho con la presencia española en las grandes llanuras.

Desde una perspectiva musical, la obra es un prodigio de la composición cíclica, donde los temas principales reaparecen una y otra vez para crear una unidad narrativa que hoy MoraleSax adapta con maestría. La partitura destaca por el uso de la «escala pentatónica» típica de la música popular y nativa, lo que le otorga un carácter ancestral y auténticamente americano. Escucharemos contrastes dinámicos asombrosos,

En esta interpretación, la potencia de la sección de saxofones refleja la energía de una nación que camina hacia el futuro, el mismo impulso que los soldados y marinos españoles proporcionaron un siglo antes. Escuchar hoy este «Nuevo Mundo» es reconocer que la libertad de la que goza esa tierra tiene raíces profundas que llegan hasta nosotros. Con esta música, celebramos que España ganó el barlovento de la historia, y permitió que el mundo entero pudiera escuchar, por fin, la sinfonía de una nueva libertad.

 

(Antes de sonar los dos himnos nacionales) 

Llegamos al acto final de esta epopeya, el momento en que todos los hilos que hemos ido desgranando convergen en un solo punto del mapa: Yorktown.

Para quienes no estén familiarizados con la estrategia militar, Yorktown era una pequeña península en Virginia donde el principal ejército británico, al mando de Lord Cornwallis, se había atrincherado.

Cornwallis se comportó como un auténtico iluso al confiar ciegamente en que su poderosa flota acudiría al rescate, sin prever que el dominio del mar estaba a punto de escapársele de las manos. Era el lugar donde se iba a decidir si la revolución americana triunfaba o moría definitivamente.

¿Por qué fue Yorktown tan decisivo? Porque allí se ejecutó una pinza perfecta. Por tierra, las tropas de Washington y los franceses cercaron a los ingleses, pero ese cerco habría sido inútil si los británicos hubieran podido escapar por mar o recibir refuerzos. Sin embargo, gracias a que España —de la mano de Luis de Córdova— había asfixiado las rutas navales y derrotado a los convoyes ingleses meses antes, y gracias a que la flota francesa logró bloquear la bahía, el ejército británico quedó atrapado en una ratonera.

España aportó una ventaja tecnológica definitiva: su cartografía. Los franceses pudieron navegar por zonas de bancos de arena y corrientes traicioneras gracias a que España les entregó copias de sus cartas náuticas, documentos secretos, como apuntamos anteriormente, por su asombrosa precisión. Sin ese «GPS de la época», la maniobra naval habría sido imposible.

Pero para que esa trampa se cerrara, hacía falta algo que es el motor de toda guerra: dinero. En aquel momento crítico de 1781, el ejército de George Washington estaba al borde del motín; los soldados llevaban meses sin cobrar, estaban hambrientos y se negaban a luchar. Fue entonces cuando España realizó su último y quizás más decisivo movimiento. En un gesto de solidaridad sin precedentes, se realizó la famosa «colecta de La Habana». En apenas unas horas, los ciudadanos de Cuba, junto con las cajas reales españolas de Méjico y el Caribe, reunieron una suma fabulosa de plata que fue enviada con urgencia a Yorktown.

Gracias a ese «oro español», se pagaron los salarios, se compraron las municiones y se financió la logística necesaria para que los americanos pudieran lanzar el ataque final. Cuando el general inglés Cornwallis se rindió, no solo se rindió ante las armas de Washington, sino ante la superioridad estratégica y financiera que España había construido pacientemente durante años.

La idea clave es rotunda: Estados Unidos nació porque España puso el dinero, las armas y la sangre. Sin la plata de nuestros dominios de ultramar y sin el bloqueo naval que dejó a Yorktown aislado, la independencia habría sido un sueño imposible.

Y un último apunte histórico:

El Real de a Ocho, también conocido como peso duro o dólar español, fue una moneda de plata acuñada por el Imperio español a partir de la reforma de 1497. Debido a la enorme producción de plata en las cecas americanas y a la excepcional pureza del metal, esta moneda se estableció como el primer estándar de intercambio global. Su fiabilidad era tal que se utilizaba habitualmente en los mercados de Europa, América y Asia, siendo durante siglos la moneda de referencia para el comercio internacional.

La influencia de España en la creación del sistema financiero estadounidense fue determinante. Tras su independencia, el nuevo país carecía de una divisa estable, por lo que el Congreso decidió adoptar el dólar en 1785 tomando como modelo exacto el peso y la calidad de la plata del Real de a Ocho. De hecho, la moneda española fue legalmente válida para realizar pagos en territorio estadounidense nada menos que hasta mediados del siglo XIX, lo que demuestra que el dólar actual nació como una réplica directa de la moneda española que ya circulaba de forma generalizada por todo el continente.

Incluso la simbología actual del dinero tiene un origen español vinculado a esta pieza. El signo del dólar es una simplificación de las Columnas de Hércules que aparecían en el reverso de los reales españoles. Estas columnas, que representaban el Estrecho de Gibraltar, estaban rodeadas por una banda con el lema Plus Ultra. En los registros contables de la época, los comerciantes esquematizaron estas dos columnas verticales y la banda en forma de “letra ese”, dando lugar al símbolo de las dos barras que hoy identifica al dólar, conocido en todo el mundo.

 

 

Como broche de oro a este viaje histórico-musical, nos disponemos a escuchar los himnos nacionales de los Estados Unidos de América y de España. Estas dos obras resumen, a través de sus notas, la identidad y el orgullo de dos pueblos que cruzaron sus destinos en el nacimiento de la libertad moderna.

El himno estadounidense, titulado en español «La bandera estrellada», tiene un origen profundamente ligado a la resistencia. Su letra fue escrita en 1814 por el poeta Francis Scott Key, quien, tras presenciar el bombardeo británico del Fuerte McHenry, se conmovió al ver que la bandera estadounidense seguía ondeando al amanecer. La música fue adaptada de una melodía anterior y, en 1931, siendo Herber Hoover presidente de los EE.UU., fue declarado oficialmente himno nacional, convirtiéndose en el símbolo universal de una nación que se alzó contra la adversidad.

El himno de España, conocido oficialmente como la Marcha Real, es uno de los más antiguos de Europa. Su origen documentado se remonta al año 1761, cuando aparece por primera vez en el «Libro de la Ordenanza de los Toques de Pífanos y Tambores» de la Infantería Española.

Su autoría se atribuye tradicionalmente a Manuel de Espinosa de los Monteros, quien compuso esta pieza originalmente como una «Marcha Granadera» para el rey Carlos III. Fue este monarca quien, en 1770, la declaró Marcha de Honor, aunque el uso y la costumbre del pueblo acabaron convirtiéndola de facto en el himno nacional. A diferencia de otros himnos, la Marcha Real carece de letra oficial, manteniendo su esencia puramente militar y ceremonial a través de los siglos. La versión que escuchamos hoy es la armonización oficial realizada en 1997 por el coronel músico Francisco Grau.

Es importante recordar que, aunque hoy asociamos nuestro himno a la bandera rojigualda, esta última nació precisamente de las lecciones aprendidas en los mares durante la guerra que hoy hemos narrado. El gran almirante Luis de Córdova sufrió en sus propias carnes los graves peligros de utilizar el antiguo pabellón blanco de los Borbones. En aquella época, el color blanco era utilizado además de por España, por Francia, Nápoles o Sicilia.

Esto generaba situaciones críticas en alta mar: en la lejanía o bajo la bruma, era imposible distinguir si un navío era un aliado o un enemigo, lo que provocaba accidentes de «fuego amigo» o permitía que barcos ingleses se acercaran peligrosamente bajo una falsa apariencia. Además, cuando no soplaba el viento y la bandera no ondeaba, el paño blanco se confundía fácilmente con una bandera de rendición o de tregua, lo que podía causar un caos absoluto en mitad de un combate.

Fue la experiencia de hombres como nuestros protagonistas la que convenció a Carlos III, en 1785, de que España necesitaba un símbolo que destacara con fuerza en el horizonte. Así nació nuestra bandera actual, con el rojo y el amarillo, los colores más visibles en la inmensidad del océano.

Escuchar hoy estos dos himnos de forma consecutiva es, por tanto, un acto de justicia histórica. Al sonar las notas de la Marcha Real, recordamos que la bandera que ondeó aquel amanecer en Virginia pudo alzarse gracias a que los españoles entregaron su vida, su ciencia y su patrimonio por esa causa. Terminamos este concierto con el orgullo de saber que España fue la arquitecta silenciosa de un nuevo mundo.

Les ruego que, como muestra de máximo respeto a la soberanía de ambas naciones, escuchemos ambos himnos de pie».

 

Conclusión de un formato de éxito

El formato de «concierto narrado» es, en opinión de los asistentes, perfectamente repetible. Gracias al trabajo del Conservatorio y del Ateneo, Sevilla ha redescubierto su pasado de una forma amena y profesional. La calidad del sonido y el rigor del texto han marcado un estándar para futuros actos culturales.

 

 

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    CALENDARIO DE EVENTOS 

    Eventos en mayo 2026

    lunesmartesmiércolesjuevesviernessábadodomingo
    27 de abril de 2026
    28 de abril de 2026
    30 de abril de 2026
    1 de mayo de 2026
    2 de mayo de 2026
    3 de mayo de 2026
    4 de mayo de 2026
    6 de mayo de 2026
    7 de mayo de 2026
    9 de mayo de 2026
    10 de mayo de 2026
    11 de mayo de 2026
    12 de mayo de 2026
    13 de mayo de 2026
    15 de mayo de 2026
    17 de mayo de 2026
    18 de mayo de 2026
    19 de mayo de 2026
    20 de mayo de 2026
    21 de mayo de 2026
    22 de mayo de 2026
    23 de mayo de 2026
    24 de mayo de 2026
    25 de mayo de 2026
    26 de mayo de 2026
    27 de mayo de 2026
    28 de mayo de 2026
    29 de mayo de 2026
    30 de mayo de 2026
    31 de mayo de 2026

    Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Más información.